Archive for the ‘ Artes ’ Category

Informativo Deportivo

Nuestro estudiante Samuel Castellanos Rojas es de 1º primaria, nos comparte la elaboración de ‘Informativo Deportivo’. Actividad desarrollada para evidenciar su proceso de redacción escrita y síntesis.
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Historia del Arte

Trabajo realizado por nuestra estudiante María Camila Alejo Velásquez.
El arte es una disciplina de las ciencias sociales que estudia la evolución del arte a través del tiempo, es como una actividad o cualquier tipo de producto realizado para el ser humano con finalidad estética y comunicativa, a través del cual expresa ideas, emociones o, en general, una visión del mundo.
El Arte tiene diversos recursos como los plásticos, lingüísticos, sonoros o mixtos.Se suele restringir a las denominadas Artes visuales o plásticas esencialmente a pintura, escultura, y arquitectura, mientras que otras artes son más específicamente objeto de estudio de otras disciplinas claramente delimitadas,como la historia de la literatura o la historia de la música. Todas ellas tienen un objetivo de atención por la denominada historia de la cultura o historia cultural,junto con las historias sectoriales enfocadas a otras manifestaciones del pensamiento, como la historia de la ciencia, la historia de la filosofía o la historia de las religiones. Campos de conocimiento estrechamente relacionados con la historia del arte son la estética y la teoría del Arte.
En lo largo de que va pasando el tiempo el arte se ha clasificado de muy diversas manera, desde la distinción medieval entre artes liberales y artes vulgares.
Pasando la moderna distinción entre las bellas artes y artes menores o aplicadas,hasta la multiplicidad contemporánea, que entiende como arte casi cualquier manifestación de la creatividad del ser humano. La sucesiva ampliación del listado de las artes principales. Llego el siglo XX hasta el número de nueve. La arquitectura, la danza, la escultura, la música, la pintura, la poesía de forma amplia como la literatura con intención estética, incluye los distintos géneros del teatro y la narrativa, la cinematografía, la fotografía y la historieta o comic. Al solapamiento conceptual de términos entre artes plásticas y artes visuales se añadieron los del diseño y artes graficas. Además de antiquísima formas de expresión artística como la moda y la gastronomía, actualmente se suelen considerar artes nuevos vehículos expresivos como la publicidad, la animación, la televisión, y los videojuegos
La historia del arte es una ciencia multidisciplinar, procurando un examen objetivo del arte a través de la historia, clasificando culturas, estableciendo periodizaciones y observando sus características distintivas e influencias. El estudio de la historia del arte se desarrollo inicialmente en el renacimiento, con su objeto limitado a la producción artística de la civilización occidental. No obstante, con el tiempo se ha impuesto una visión más amplia de la historia artística, intentando una descripción global del arte de todas las civilizaciones y el análisis de sus producciones artísticas en términos de sus propios valores culturales, y no solo de los de la historia del arte occidental.
Durante el siglo XX han proliferado las instituciones, fundaciones, museos y galerías, de ámbito público y privado, dedicados al análisis y catalogación de las obras de arte, asi como su exposición a un público mayoritario.
El Arte en la Historia
Prehistoria -Época Paleolítica
Las manifestaciones pictóricas de esta época son llamadas pinturas rupestres.Estas pinturas se han localizado en diversas regiones del mundo, generalmente en las pareces de las cuevas y cavernas, alcanzando grandes dimensiones. La pintura rupestre responde la expansión de una cultura cazadora, se le atribuye un carácter mágico, religioso porque se presume que fueron realizadas como ritual es para conseguir buena cacería. Las figuras que pintaban eran de animales, estas primeras manifestaciones platicas en el principio eran líneas trazadas con los dedos sobre las partes blandas de las paredes de la cueva, luego interviene el color, rojos y negros mayormente. A esta primera fase del arte rupestre se le ha denominado Auriñaciense, en esta fase las figuras aparecen hechas con trazos burdos, los animales los realizaban de perfil y las figuras se presentaban aisladas.
Luego hay una segunda fase. La solutrense, en donde se observan ciertas figuras moldeadas, interviene el color y los perfiles aparecen paralelos; posteriormente hay una tercera fase llamada, magdaleniense, en ella se presentan escenas de caza, de lucha, etc. y se observan una asociación de la figura humana con la figura animal en las presentaciones, hay variedad policromía y el empleo del claroscuro como elemento expresivo. Hacia finales del paleolítico, la característica esencial de las pinturas es la esquematización de las formas, adquiriendo así mayor movimiento y dinamismo.

Que te muerda algún libro

Por: Homero Aridjis/ Tomado de “Mediaisla”.

Más allá de la tecnología involucrada, leer enriquece los modos de pensar y procesar información, afirma el escritor mexicano Homero Aridjis, quien analiza viejos y nuevos hábitos de lectura y escritura en un mundo cada vez más digital.

“En Milán, hacia fines del siglo IV, cuando San Agustín fue a visitar al obispo Ambrosio asistió a un hecho trascendente: el momento en que la palabra escrita comenzó a adquirir preeminencia respecto de la palabra hablada. En sus Confesiones, San Agustín escribió: “Cuando Ambrosio leía, sus ojos recorrían las páginas, y su corazón penetraba el sentido, sin decir palabra ni mover su lengua. Muchas veces –pues a nadie se le prohibía entrar ni había costumbre de avisarle quién venía– le vimos leer calladamente y nunca de otro modo, y estando largo rato sentado en silencio, me largaba, conjeturando que aquel poco tiempo que se concedía para reparar su espíritu, libre del tumulto de los negocios ajenos, no quería se lo ocupasen en otra cosa, leyendo mentalmente, quizá por si alguno de los oyentes, atento a la lectura, hallara algún pasaje oscuro en el autor que leía y exigiese se lo explicara”.

“Empecé a leer libros seriamente cuando tenía diez años, después de haber estado a punto de morir por un accidente con una escopeta. La serie de Sandokan El tigre de la Malasia de Emilio Salgari y los Hermanos Grimm fueron los primeros libros que mi padre me compró durante mis 19 días en el hospital. La lectura ocupó el lugar del fútbol, que era demasiado peligroso para mí, y muy pronto pasé a devorar a los otros: Homero, Shakespeare, Julio Verne y Cervantes, y a continuación empecé a escribir usando nuestra mesa de comedor como escritorio.

“La forma de preservar la palabra escrita se ha transformado a lo largo de los siglos; en la Antigüedad, a partir de las tabletas de arcilla o pizarra o cera o madera, e incluso fragmentos de cerámicas, hasta los rollos de papiro. Al comienzo del primer milenio, el códice suplantó al rollo, y el pergamino reemplazó al papiro. Más tarde el papel, inventado en China en el primer siglo d.C., se abrió paso llegando al mundo árabe y a Occidente, y cuando Johannes Gutenberg inventó la imprenta hacia mediados del siglo XV, la producción masiva de libros fue por supuesto en papel.

“La escritura perdura en las palabras, esas criaturas etéreas y materiales, tanto propias como de otros, que vienen del pasado y– espero– se encaminan hacia el futuro, pues como escribió Jorge Luis Borges en su ensayo “El sueño de Coleridge” sobre el poema escrito por Coleridge Kubla Khan: “El alma del Emperador, destruido el palacio, penetró en el alma de Coleridge, para que éste lo reconstruyera en palabras más duraderas que los mármoles y metales”. Y como escritor y lector de libros, mi sueño es que cuando el cuerpo– mi cuerpo– ya no esté, las palabras que escribí me sobrevivan en libros.

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El poeta del corazón

Por: Gloria Cepeda Vargas/ Última parte.

En la madrugada del 18 de Agosto, fue fusilado en Alfacar, cerca de Fuente Grande, por las fuerzas rebeldes,Federico García Lorca a los 38 años de edad. Su asesinato fue un atentado no sólo contra la vida sino contra la inteligencia. Cuando lo mataron, Federico era el poeta más aclamado dentro y fuera de España, dramaturgo exitoso, músico exquisito, dibujante de talento. Es decir, una personalidad casi imposible de sustituir.

Dicen que cuando mandaban los árabes en España, los moros granadinos se detenían asombrados ante un manantial que permanecía cubierto de burbujas. Por eso lo llamaron Ainadamar, que significa Fuente de las Lágrimas. A pocos pasos de la Fuente de las Lágrimas, cayó abatido para siempre Federico García Lorca.

Siguieron tres años de horror. Crímenes de lado y lado, fusilamiento masivo de rojos en el tristemente célebre Barranco de Viznar, violencia desmedida, ignorancia, miseria y depresión económica. Lo demás es conocido: la derrota del ejército republicano, el final de la guerra, la prisión y el calvario de Miguel y el establecimiento en España de la dictadura de Francisco Franco hasta su muerte ocurrida en 1975.

 

Y aunque su faceta más conocida es la de poeta insigne, no olvidemos que su poesía se nutrió de la sangre y las lágrimas que llovieron copiosamente sobre las ciudades y los campos españoles en un momento aciago. Fue hijo de una tierra servil y heroica, cuna de la Inquisición y de El Quijote, protagonista de la aventura que partió en dos un mundo que de cara al Renacimiento, empezaba a sacudirse los oscurantismos medievales y miró caer, el 20 de Julio de 1936, el último bastión republicano de Granada durante la heroica resistencia de la ciudad.

Su vida, abonada con toda clase de inconsistencias y crueldades, es ejemplo de valor y entereza. Le tocó luchar en una época marcada por la torpeza y la crueldad, en una tierra destrozada por un combate fratricida que acabó con lo mejor de la juventud española de ese tiempo, miró caer, para no levantarse, poetas como Federico García Lorca yMiguel Hernández y vio tomar el camino del exilio a hombres de la talla de Rafael AlbertiPablo Picasso Luis Cernuda entre otros.

Vino al mundo en un país clerical e ignorante marcado por el forcejeo entre el desconcierto civil y el militarismo desmandado. Las convulsiones de ese parto influyeron poderosamente en su obra literaria e hicieron de su poesía la expresión más pura de la época. Murió tuberculoso y abandonado en una celda del Reformatorio de Alicante, el 28 de Marzo de 1942 a los 31 años de edad. Enterrado en el cementerio de Alicante el 30 de marzo del mismo año, actualmente reposa ahí junto a su hijo y su mujer Josefina Manresa. La Ley de Memoria Histórica declaró injusta e ilegítima toda condena impuesta por motivos ideológicos o políticos.

Quedan para aprendizaje de todos su limpia caparazón de acero y su sencillez tan escasa entre “las aves del nuevo gay trinar” a que aludió Antonio Machado, su manejo magistral de la palabra poética, su lúcido concepto de la justicia, su valentía irreductible.

Cuando languidecía en la cárcel de Alicante, recibió la visita de un grupo de militares prestigiosos quienes le ofrecieron la libertad, una pensión de cien pesetas y una casa para su mujer y su hijo si accedía a firmar un documento donde declaraba su adhesión al régimen. Y a pesar de la terrible situación que soportaba, prefirió morir a traicionarse a sí mismo.

La suya es una figura que crece con el tiempo. Poseedor de vida y origen diferentes a los de sus compañeros de generación, enarboló una palabra fuerte como el acero para fustigar lo que su conciencia le dictaba. Su valentía casi suicida, su lucha tan infructuosa como ética, las circunstancias indescriptibles de su agonía y muerte, lo señalan como único protagonista de una batalla denodada contra las oscuridades, la prepotencia y los oportunismos. Fue un poeta vanguardista sin conocer el ancestro renovador de la España de post guerra. Carente de formación académica y hecho sólo con las lecturas que su sed de conocimientos le deparó en la oscuridad de un cobertizo mal iluminado, su obra navega más allá de acontecimientos temporales y críticas establecidas.

Los integrantes de la Generación del 27 coincidieron con él en el tiempo mas no en el origen de la palabra. Ellos dieron su aporte a un surrealismo oral, plástico, filosófico y político que alimentado en los Manifiestos Surrealistas deAndré Breton y en la Revolución Rusa del 17, se abría a los cambios viscerales ocurridos después de la Primera Guerra Mundial con la máquina como protagonista en un mundo que empezaba a industrializarse. La suya es una voz forjada como el hierro en el yunque del dolor. Poseyó en gran medida la facultad de manejar a su antojo los altibajos poéticos, desgranándose en sonetos magistrales y en poemas de factura libre y poderosa.

De ese volcán en permanente erupción que fue su vida, brotó su avasalladora poesía. De ahí ese alud de palabras que parecen querer ocupar el mismo sitio al mismo tiempo y el manejo puntual del recurso idiomático que extraído de lo más hondo de la tierra, abona con acierto único hasta ahora, el tronco y el ramaje de la poesía española contemporánea.

Esto en lo concerniente al estilo, pensamiento o como queramos llamar a la parte intangible del poema. En lo atinente a la forma, su poesía vuela libremente más allá de las normas establecidas por la poesía medida y rimada que suscita el rechazo de muchos en nombre de una libertad ajena a sílabas cuantificables y sonoridades establecidas. El suyo es un caso singular. Aquí la norma y la métrica se subordinan sin esfuerzo ante la irrupción telúrica y por lo tanto ajena a encasillamientos y agendas cronológicas.

Para leerlo y sentirlo, es preciso aquilatar el valor transformador de una sintaxis bronca y dulce, presente aun en lo más sutil de su intensa poesía de amor. No buscó la palabra. La palabra lo reconoció perdido en las breñas y los accidentes de una vida oscura, para tomarlo de la mano y revelarle los secretos del verbo esencial. Lacerado en carne propia, cantó sustrayéndose a conclusiones o análisis coyunturales volcando el sentimiento en el caudal de una palabra limpia. Por eso en la dedicatoria escrita para Vicente Aleixandre en Viento del Pueblo dice: Los poetas somos viento del pueblo. Venimos para pasar silbando a través de sus poros. El pueblo espera a los poetas con los ojos y las orejas tendidos al pie de cada siglo.

A pesar de estar atado físicamente muchas veces, se irguió para denunciar, como nadie lo había hecho hasta entonces, el drama de su patria, avizorando con lucidez todo lo que faltaba por hacer y de qué manera impedían la evolución de España lo matrero de la palabra y la oscuridad del pensamiento. Ya lo había dicho: Los pueblos se salvan por el viento que sopla desde todos sus muertos.

A casi sesenta y nueve años de silencio truena su verso combativo como ratificación de compromiso republicano desde las trincheras y la pólvora del Quinto Regimiento: Sangre, sangre por árboles y suelos/ sangre por agua, sangre por paredes/ y un temor de que España se desplome… Y clama su corazón de pájaro prisionero en un mundo que no entendió jamás: Me quiero sustraer de tanta herida/ me da cada mañana/ con decisión más firme/ la desolada gana/ de cantar/ de llorar/ y de morirme (Otros Poemas, 1935-1936).

 

El maestro trabaja

Robert Hughes

Lucian Freud murió el pasado 20 de julio. Este recorrido por la retrospectiva exhibida en una pequeña galería de Londres, en 2004, revela la intensidad de la obra del pintor inglés.

Si uno quisiera una demostración perfecta de lo bueno que puede llegar a ser el arte contemporáneo y de lo espantoso y pendejo que también puede ser, ningún lugar sería mejor que Londres por estos días. En un extremo está “New Blood” [“Sangre nueva”], la exposición de la galería Saatchi, cuyo título de sabor vampiresco anuncia la presencia de una masa de novedades, casi todas ellas testimonio vívido (con excepción de unos cuantos cuadros firmados por la sólida y eternamente talentosa Paula Rego) de la medida en que el marchante y promotor dueño del lugar no tiene ni la menor idea de lo que exhibe.

En el extremo opuesto está una pequeña galería dentro de la Colección Wallace, que ha cedido su espacio temporalmente para exponer la obra reciente, por ahí de los últimos dos años, del pintor inglés Lucian Freud. A sus 81 años, Freud es infinitamente más joven que toda esa basura instalada al otro lado del Támesis: más joven que el tiburón de Damien Hirst, sumergido y pudriéndose lentamente en un tanque turbio de formol; más extraño que la Vermin Death Star [“Estrella de las sabandijas mortales”] de David Falconer, compuesta por miles de ratas en metal fundido; y por lo menos cien veces más sexy que el cansado ícono de la domesticidad promiscua, la muy publicitada cama de Tracey Emin. La obra de Freud es supremamente fuerte, hasta despiadada, pero no se libra a la fácil simulación emocional que es del gusto institucional del publicista, ni al cinismo mimado o al sensacionalismo simplista que está por todas partes en la Colección Saatchi.

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Fuente: www.elmalpensante.com

Historia de un retrato – La tierra elegida

Juan Forn

Retratar al retratista, eso fue lo que hizo James Lord en su libro A Giacometti Portrait, escrito mientras posaba para el pintor italiano.

Año y medio antes de morir, el gran Alberto Giacometti aceptó hacerle un retrato a un bon vivant y aspirante a coleccionista de arte llamado James Lord. Como buen tilingo, el modelo pensó que alcanzaría la inmortalidad posando una o a lo sumo dos veces para el pintor, pero terminaron siendo dieciocho jornadas agotadoras, sentado rígidamente en una silla, en el lóbrego atelier parisino de Giacometti. Lord había llegado a la ciudad como soldado raso con las tropas aliadas que liberaron a París al final de la Segunda Guerra, y merced a sus encantos sedujo a Jean Cocteau, luego a Dora Maar (la ex amante de Picasso con quien tuvo un conveniente romance), luego a la pareja conformada por Gertrude Stein y Alice Toklas, y así accedió al círculo áulico de los artistas de Montparnasse. Pero Giacometti era un hueso duro de roer: no socializaba, no le interesaba triunfar en América (la herramienta que solía usar Lord para ganarse la confianza de quienes admiraba), no le importaba otra cosa que develar un enigma: “Sigo pintando solo para saber por qué no puedo poner en el lienzo lo que veo”.

Giacometti había sido el primero de los surrealistas en abrazar la abstracción y también en abandonarla. Su retorno a lo figurativo había sido fulgurante, con esas anónimas y espectrales esculturas esqueléticas, de hombres caminando solitarios y mujeres esperando en grupo pero igual de solitarias, que se convertirían en su marca de fábrica y en la imagen por antonomasia de lo que había terminado siendo el hombre para el hombre a esa altura de la Historia. No es casualidad que la obra de Giacometti fascinara por igual a Sartre y a Samuel Beckett. No es casualidad que cualquiera que camine contra el viento o espere en una esquina solitaria hasta el día de hoy se sienta irremediablemente una figura de Giacometti, un abandonado por su época. Después de contestar así la famosa pregunta de Theodor Adorno (“¿Puede haber poesía después de Auschwitz?”), Giacometti hizo otro viraje igual de fulgurante en su obra: la restringió al retrato. Del contorno de lo humano pasó a sus rasgos, en forma de retratos y de bustos. Una y otra vez trató de reproducir los rostros de su hermano Diego y de su amante Annette, obligándolos a posar durante infinitas jornadas. Annette fue la primera en rendirse (“Me sofocó la sensación de que toda mi vida se consumía en ese acto”). Diego, que trabajaba en la habitación de al lado del taller de Giacometti y era el encargado de realizar los moldes de las esculturas de su hermano, tuvo más paciencia pero también terminó pidiéndole que lo esculpiera de memoria y lo dejara trabajar en paz. El joven James Lord apareció providencialmente en ese momento y Giacometti no lo pensó dos veces: lo encadenó a la silla.

Lord escribía dos veces por semana a su madre al otro lado del océano acerca de sus actividades (mayormente chismes: cuando Gertrude Stein quería que algo se supiera en todo París, se lo contaba a Lord como confidencia). La noticia de que Giacometti iba a pintarlo era tan sabrosa que pidió permiso al pintor para ir fotografiando el retrato en el estado en que quedaba al final de cada jornada, suponiendo (con razón) que Giacometti no le regalaría la tela y que su madre no podría verla nunca. Lo que no se imaginaba era el efecto que esas jornadas tendrían en su vida. Cuando Giacometti murió un año después, Lord publicó tímidamente un librito en el que relataba aquellas dieciocho sesiones (antecedida, cada una, por la fotografía correspondiente del cambiante retrato). El resultado es hipnótico: un artista pinta un retrato y es retratado a su vez por el modelo que posa para él. El modelo no solo registra cada palabra y cada gesto del artista; además, intenta por todos los medios que el artista no arruine el retrato que está pintando.

Giacometti era legendario por pulverizar y reconstruir una y otra vez sus piezas, fuesen cuadros o esculturas, hasta que lo conformaran mínimamente (“Nada de lo que he expuesto estaba acabado. Pero no atreverme a exponer habría sido una cobardía”). Igual de legendarios eran los comentarios que hacía en voz alta para sí mismo mientras trabajaba (“Trabajo frente a la pieza como si tuviera la cara apretada contra una pared y no pudiera respirar”). Lord no solo transcribió clandestinamente esos comentarios sino sus propias sensaciones desde el momento en que, finalizada la primera sesión, Giacometti le dijo: “Hemos ido demasiado lejos, no podemos parar ahora. Tienes que seguir viniendo”. A lo largo de las sesiones siguientes, el pintor ruge, bufa, aplasta cigarrillos con el pie, vuelca trementina, sale al patio a quemar dibujos viejos, se tumba en la cama y anuncia que no va a levantarse nunca más. “Cuanto más se trabaja un cuadro, más imposible resulta acabarlo”, “Deberían encerrarme en un asilo”, “Hay que acercarse un poco más al precipicio”, “Ay, la venganza del pincel contra el pintor que no sabe utilizarlo”. El retrato irrumpe y desaparece en un magma de grises a lo largo de las sesiones, como si Giacometti no tuviera control sobre él. Cuando a Lord le pica la cara y pide permiso para rascarse, Giacometti dice: “Calla. Son las pinceladas que estoy dando a tus mejillas”. Cuando Lord comenta que ya no se puede ver nada en la penumbra, Giacometti dice: “Con la última luz se alcanza a captar lo que no se ve el resto del día”. Cuando Lord le pregunta cuántas sesiones más harán falta, porque lo esperan en Norteamérica, Giacometti contesta: “No dejes que este retrato interfiera en tu vida”. Pero eso es imposible para Lord: “Era como si la pose en que me había colocado me hubiera paralizado para siempre”.

Algo de eso ocurrió. Después de publicar su librito, Lord dedicó los quince años siguientes a escribir una biografía de Giacometti (que hasta el día de hoy es la más exhaustiva que existe) y una serie de libros posteriores que tuvieron a Giacometti como referencia ineludible. Su ambición era poder comprar alguna vez, con el dinero obtenido, aquel retrato que le hizo el pintor, pero Annette (la amante devenida esposa y luego viuda y celosa albacea) se lo impidió, enfurecida por las intimidades que, según ella (y un manifiesto que pagó de su bolsillo, publicado en las revistas de arte más importantes a ambos lados del Atlántico, firmado por todos los galeristas de Giacometti) distorsionaban “irreparablemente” la imagen del pintor. No fue de la misma idea Diego, el fiel hermano de Giacometti, que no solo aceptó firmar un prólogo al librito de Lord, sino que confiesa en él que varias veces ante sus páginas tuvo el impulso de trasladarse al estudio de al lado a leérselas en voz alta a su hermano. “Solo alguien obsesionado por el retrato como mi hermano habría sabido valorar esta semblanza. Cuando Alberto terminó el primer busto que hizo de mí, me llamó a gritos desde su estudio y me dijo: ‘Mírate’. Con ese mismo espíritu me hubiera gustado leerle a él este retrato que le hizo Lord”.

Fuente: http://www.elmalpensante.com

Cuento. Al filo de la decadencia

Últimamente se sentía sumido en una rutina asfixiante. Llegó a pensar que estaba estancado en una monotonía de siglos sin que nada alterara su vaivén predecible.
New York marchaba demasiado rápido allá afuera y en su interior anhelaba cambios que lo revitalizaran, que lo sacudieran de su estancamiento.
Se veía a sí mismo algo rígido y acartonado, llevando a cuestas una historia muy pesada de formalismos y etiqueta, de títulos nobiliarios ya bastante anacrónicos, de una carga de aristocracia sobre sus hombros que ya se le antojaba un tanto rancia y decadente.
Miró alrededor de la espaciosa biblioteca. Se vio retratado en el cuadro que dominaba el ambiente. Su porte aún era gallardo y elegante y por qué no, imponente. No se veía ni se sentía viejo, en justicia aparentaba muchos menos años de los que en realidad tenía; la cara estaba pálida pero recordó, qué remedio, el sol nunca había sido bueno para su salud.
– De pronto me falta algo de acción, me siento un poco solo-. Pensó mientras apuraba una copa de vino frío -Debería salir y divertirme más frecuentemente y de paso ir al odontólogo; me fastidian los líquidos helados en este diente- Su dedo índice palpó el cuello descubierto de encía del canino superior.
De todas formas no le entusiasmaba mucho la idea de salir en busca de las emociones de la noche en esta ciudad; la capital del mundo, al igual que Las Vegas, nunca dormía. A este lado del mar las cosas tenían otro costo; definitivamente América era muy distinta a su vieja y entrañable Europa: el peligro rondaba cada esquina, nadie era confiable, todo el mundo tenía un precio, cualquiera era un potencial enemigo; la gente vivía frenética y paranoica, con el cuerpo, la mente y la sangre envenenadas de vicios, de virus, de ácidos, de SIDA, de desconfianza y temor.
En su última correría –en plena Quinta Avenida, por Manhattan, ni siquiera por el Bronx o Harlem o Queens- fue atacado por una banda de gamberros, quienes no sólo se burlaron de él por considerarlo patético y anticuado, sino que le robaron y lo golpearon con cadenas y crucetas; llegó a sentir realmente miedo cuando intentaron clavarle una varilla a la altura del corazón. Fue un verdadero susto, una pesada cruz sobre su espíritu que le robó la calma y lo atemorizó.
Recordaba con nostalgia las noches amables y románticas de seducciones lentas y entregas totales, en cuerpo y alma.
Decidió entonces que hoy tampoco saldría.
Le gustaba por lo práctico el sistema americano de conseguir compañía femenina en su propia casa, a través del teléfono. Claro que la última vez tampoco le funcionó el plan: la jovencita que acudió a su llamado tenía un penetrante olor a ajo que le repugnó en lo más profundo. Se vio obligado a despacharla sin poder siquiera tocarla, luego de cancelar por anticipado el valor de sus servicios.
Hizo la llamada, concretó la cita y sonrió satisfecho. Había hecho lo correcto, una gran noche lo esperaba.
Parado en el balcón de su apartamento, dirigió su mirada hacia el puente de Brooklyn, más imponente que nunca, mientras los destellos de los millones de las luces de los edificios se reflejaban en las aguas que esa noche ostentaban una extraña mansedumbre. Sorbiendo con deleite su copa de vino y añorando el poder mirarse a un espejo para acicalarse un poco, el Conde Drácula pensó que quizás ya sí era hora de regresar a su amada Transilvania.